En el marco del Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo, el Jardín Infantil, este 02 de abril, no solo nuestros niños y niñas se vistieron de azul, sino que abrieron su corazón a una experiencia de aprendizaje profundo sobre la neurodiversidad, diseñada para fomentar la inclusión, la comprensión y el respeto.
Bajo la guía experta del equipo del Programa de Integración Escolar (PIE) del Instituto San Pablo Misionero, los estudiantes más pequeños participaron en una jornada diseñada para entender que, aunque todos los cerebros funcionan de manera distinta, ¡Brillamos Juntos!.
El Azul: Un símbolo de calma y compromiso
La jornada comenzó con una reflexión sobre el color azul, que para nuestra comunidad representa la calma y el compromiso de construir espacios seguros. El azul hoy nos recuerda que nuestra misión es entregar un refugio de paz para que cada niño pueda jugar y aprender a su ritmo
Rompiendo mitos a través del arte
Antes de pasar a la acción, los estudiantes aprendieron una lección fundamental: el autismo no es una enfermedad, es una condición de vida. Para plasmar este aprendizaje, pintaron un gran póster con el logo del infinito multicolor. Esta figura representa la amplia gama de características de la neurodiversidad, ayudando a los niños niñas a visualizar que cada persona tiene una “huella” sensorial única y valiosa.
Un viaje por los sentidos: El refugio sensorial
El punto culminante del día fue la transformación de la sala de Terapia Ocupacional en un refugio sensorial. Con una iluminación suave en tonos azules y un ambiente libre de ruidos estridentes, los niños exploraron diversas estaciones:
Exploración Táctil y Olfativa: En mesas dispuestas para la exploración autónoma los niños interactuaron con bolsas de gel, texturas con botones, arena y vasos de masa con diferentes aromas, los estudiantes descubrieron que lo que para algunos es agradable, para otros puede resultar abrumador.
Muro de Texturas: A lo largo de un camino sensorial, los niños exploraron una superficie con plástico burbuja, cartón de huevos y algodón. Esta actividad permitió experimentar el “tacto profundo” y observar cómo el cuerpo responde a distintos estímulos.
Regulación y Calma: El trayecto finalizó en una piscina de pelotas, donde los niños sintieron cómo estas masajean y regulan el cuerpo, contrastando con el estrés sensorial del día a día.
La experiencia concluyó sobre discos vestibulares mientras caían burbujas sobre los estudiantes. Al finalizar, se realizó una asamblea de reflexión donde compartieron qué sensaciones les gustaron y cuáles les disgustaron.
Esta conversación permitió a los niños y niñas comprender que lo que ellos sintieron por unos minutos es la realidad cotidiana de muchos de sus compañeros. La jornada cerró con una convicción clara en el jardín San Pablito: Respetar cómo se sienten los demás es el primer paso para una inclusión real.











