¿Hasta cuándo normalizamos la violencia?

Este sábado en la noche en el sector de las canchas del Campus Quimey, un joven – hijo de un funcionario de la Policía de Investigaciones de Chile- que disputaba un partido de fútbol, se vio involucrado en una pelea con sujetos del equipo contrario, por lo que llamó a su papá, quien intentó apaciguar la situación. Sin embargo, un grupo de 12 sujetos golpeó con objetos contundentes al funcionario y su hijo. «El Subprefecto de Investigaciones, Ariel Villarroel Morales se mantiene en riesgo vital en el Hospital Dipreca».  Hasta ahí la información de Radio Bio-Bio. ¡Ayer en la noche Ariel ha fallecido!

  1. Hacemos un urgente llamado a nuestra comunidad a rezar por este padre, ex alumno del San Pablo Misionero, un hombre de bien que además se encontraba de paso en San Bernardo, con licencia médica.
  2. Eduquemos a nuestros hijos y nuestra comunidad al sagrado principio de la «Dignidad Humana» que no puede ser escindida, separada, de la integridad física…y que la vida humana va siempre protegida y defendida.  Desde el lenguaje de las amenazas – cada vez más común- el maltrato y la agresión llegamos al crimen como en este caso. ¡De un partido de fútbol, al luto!
  3. ¿Qué conciencia tenemos de los derechos humanos? Ninguna o cada vez menor. Basta que el otro sea distinto de mí, autoridad policial, de derecha o de izquierda para eliminarlo. ¿Quién educa a esta posición a los jóvenes? Sin duda que adultos pasmados en su ideología, gente que no creció, que se sirve de los jóvenes para impulsar sus arrebatos morbosos de violencia. Interroguémonos sobre cómo educamos a nuestros hijos y cómo aportamos a nuestra comunidad. ¿Qué prevalece en nuestro fuero interno? ¿Nuestra feroz ideología o el ímpetu de servir al otro?  No hay alternativa entre el bien y la violencia.

En este mes de María invoquemos Su compañía, para que ayude a esta familia que es

también nuestra familia, y porque el hombre no se afirma nunca a sí mismo hasta que afirma la realidad que le ha sido donada.  Los otros nos han sido donados.  Atentar contra la realidad de los otros para afirmarnos a nosotros mismos es el cainismo, el origen más oscuro de toda ideología. Atrevámonos en este mes especial en ir contra la corriente y sembrar lo que nos hace crecer, no lo que nos anula.

Fundación San Pablo Misionero.

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